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La epifanía del cambio

9/04/2015Border Mag


    Reconocido por una larga discografía pero más por su intensa iconografía, David Bowie es una figura mítica; un visionario del rock que cambió tantas veces de piel que hasta él mismo no supo ni quién era ya. Los cambios en la vida de Bowie solían ser muy constantes, muy naturales, y eso siempre se reflejó en su música. A temprana edad tomó el saxofón y a los 16 años ingresó a algunas bandas (The Kon-rads, The Riot Squad y The Manish Boys) para luego abandonarlas y comenzar en solitario. Se rebautizó como David Bowie y una cosa tan simple como mudar se convirtió en una constante casi hasta el grado de lo patológico. Cuando su carrera en el mod iba hacia ninguna parte, Ken Pitt (exmanager del pianista Liberance, la banda británica de beat Manfred Mann y promotor de algunas giras de Bob Dylan por Inglaterra) se interesó en él y re-dirigió su rumbo. Luego de paladear el éxito con su primer astronáutico hit, Bowie desecha el hipismo del folk, se maquilla y empieza a rockear duro. Combinó el arte, el teatro kabuki y la literatura para crear un andrógino extraterrestre que tenía por músicos a un grupo de arañas mutantes del espacio exterior. Se da cuenta de que puede comunicar algo y el glam rock sirve como conexión para aquellos marginados que veían en Bowie una figura liberadora.

Tras un exhaustivo y continuo performance, Bowie se convence de que el ciclo de vida de Ziggy Stardust había llegado a su fin. Se va de viaje y desembarca en New York, en donde John Lennon lo recibe con las llaves de la ciudad, se tiñe el cabello de rubio, cambia sus trapos extravagantes y graban ‘Fame’ que suena en todas las discotecas. Con esto consigue más éxito, más dinero y más drogas que casi lo llevan a la locura. Harto del estilo de vida norteamericano se muda a Alemania, se empapa del krautrock y graba una trilogía. En los 80, ya no tenía mucho caso seguir con la música, aun así se le entra al pop con “Let’s Dance’ y sorpresa, consigue más fama, más dinero. Se casa con una bella modelo, se vuelve un burgués, regresa al estudio para rematar la década con tres discos. Se empecinó por no dejar su carrera en declive en el 2000 y deja otros tres discos más para irse al auto exilio.

Si bien en una época, Bowie pudo morir joven para siempre estar de moda, el inglés siempre estuvo tentado a no dejar la música; más allá de la reinvención como una estrategia, se revelan los adoctrinamientos mediáticos en las conductas pretenciosas, obsesivas y consumistas de las personas en 3 décadas distintas. David Bowie explora los conflictos de identidad y pertenencia que dictan lo que deben y quieren ser a través de él mismo, crea personajes distintos con la necesidad del avance pero en el camino todo se vuelve clisado y burdamente mal entendido. De ser un modelo de coraje se convirtió en héroe de la cultura popular que al final no pudo escapar de ser devorado por las masas. Sin embargo, entre el ruido y el silencio algo nuevamente debió cambiar, ¿cierto? Ahora que la paternidad otra vez le ha dado una nueva perspectiva y el coming of age se ha disipado, al final siempre hay un día siguiente.

Este número queremos agradecer a nuestro amigo Güissario Patiño de La Celda de Bob, por hacerle un espacio a su agenda para hacer una entrevista para nosotros.

Portada por Eric Ele

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