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David Bowie:..Al día siguiente

9/04/2015Border Mag

Un extrarrestre que vino de una lejana galaxia y que por amor a la humanidad, vino a la tierra en busca de redimirla, pero al tratar de salvarla lo único que hizo fue destruirse en los excesos de las drogas y el sexo.
 Desde la grabación de su disco "Reality" en 2003, el multifacético londinense David Bowie había desaparecido por completo de la luz pública. Muy poco o casi nada se sabía de él y con ello se corrieron varios rumores. Unos decían que había sufrido de un ataque cardíaco en 2004, otros que permanecía oculto debido a la notable obesidad que padecía. Todo se quedó en especulaciones y chismes que al fin y al cabo no pudieron comprobar nada.

 No fue hasta finales de 2010, que el famoso Ziggy, Camaleón, Duque Blanco o cualquier alter ego que se le conozca, convocó, en el más absoluto de los secretos, a algunos de sus amigos (todos ellos músicos de primer nivel) para grabar una buena cantidad de canciones que había compuesto y durante dos años, se reunió confidencialmente, en el estudio The Magic Shop de Nueva York, con gente como el tecladista y productor Tony Visconti, el baterista Sterling Campbell y el guitarrista Jerry Leonard para ir grabando los temas sin que nadie, en el más absoluto de los sigilos, revelase cosa alguna.

A inicios del 2013, el 8 de enero para ser exactos, día del cumpleaños sesenta y seis del propio Bowie, el mundo entero se sacudió con la súbita aparición del sencillo 'Where Are We Now', una canción llena de melancolía, en cuyo video se podía ver a un David Bowie cabizbajo y deprimido. Sin embargo, lo notorio del asunto no era el entristecido sencillo, sino el despojo teatral que lo ha caracterizado a lo largo de cuatro décadas. ¿Se trata de un nuevo personaje o este es el verdadero David Bowie?

Pero con veintiséis álbumes llenos de histrionismo desde Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Duque Blanco entre otra serie de tantos personajes, no se ha podido discernir con claridad si Bowie es la expresión real y humana de su autor o si sólo es un producto para las masas elitistas. Y es que, nadie más como él para representar las patologías de la cultura pop y su imperiosa necesidad por mantenerse modernizada para recién entonces poder considerarse clásica. O viceversa.

La caída y el acenso de Ziggy Stardust

    A lo largo de los sesenta, David Bowie formó parte de distintos grupos de los que intentó tomar el liderazgo. Inicia su carrera como solista con un disco mod de escasa trascendencia publicado en junio de 1967, con el que demostró ser una exhibición de influencias eclécticas; tanto el estilo lírico de la canción francesa de Jacques Brel como las pulidas baladas de Anthony Newley. Sin embargo, con bandas como los Beatles, los Rolling Stones, los Kinks, The Who, Jimi Hendrix, los Doors, era difícil que destacara a finales de los psicodélicos sesenta. Tres años después, publicó "Space oddity" (1969) con una canción homónima que se convertiría en su primer éxito y que aprovechaba la euforia de los viajes espaciales del Apolo 11 y del alucinante film 2001: A Space Odyssey de Stanley Kubrick. Si bien el sencillo que da apertura al álbum le dio el puesto número cinco en los charts del Reino Unido, el disco fue un fracaso comercial.

Bowie aún buscaba su identidad y empezó a encontrarla a principios de los setenta, con la integración de las artes escénicas escénicas, los poemas de Jean Genet y el arribo del Glam Rock, género que introdujo un nuevo modo de liberación radical. De ahí vienen sus dos siguientes trabajos discográficos, el estridente y disonante "The Man Who Sold the World" (1970) y el caleidoscópico pop de "Hunky Dury" (1971). No obstante, aún faltaba algo, ese extra que lo distinguiera del resto de las bandas y solistas de la época y que lo convirtiera en un músico en verdad trascendente.

Fue a finales de 1971 que inventó su primera transformación con un disco conceptual que narraba la historia de un personaje proveniente del espacio exterior, una especie de Mesías que llegaba a la Tierra cuando a ésta le quedaba un lustro de existencia. Para poder redimirla, el extraterrestre se convertía en una estrella de rock (esa misma que hasta aquel momento el propio Bowie no había podido ser), la cual alcanzaba la cúspide para luego derrumbarse con estrépito y desembocar en un final fatal para él y para toda la humanidad. El sofisticado personaje se llamaba Ziggy Stardust.

"Ziggy Stardust and the Spiders from Mars" (1972) se convirtió en una obra excepcional y una propuesta que no tenía precedentes por ese entonces. Se trataba de un rock teatral, pero no en el sentido operístico del "Tommy" de Pete Townshend o el "Arthur" de Ray Davies, ambos de 1969, sino de un disco con su propia dialéctica que, visualmente estaba influenciada por la estética de la Naranja mecánica de Stanley Kubrick, pero llevada a su extremo más andrógino, plus una colección de once canciones que se dirigían a los marginados, a los que se sentían deprimidos y perdidos en su propia desesperación o por la crueldad del mundo. Ese público al que ya conocía por instinto pero al que aún no había adquirido.

A partir de ese momento, David Bowie había conectado todos los influjos musicales (John Lennon, Bob Dylan, Lou Reed), literarios (Oscar Wilde, William Burroughs, Jack Kerouac, Christopher Isherwood) y artísticos (Egon Schiele, Aubrey Beardsley) que lo habían estado construyendo. Se convirtió en una estrella como ninguna otra. Sus discos se vendían a un ritmo mayor que los de cualquier otro artista británico desde los Beatles, y sus conciertos con los Spiders from Mars pronto se convirtieron en eventos valorados y míticos.

 El único problema es que Ziggy Stardust y lo que pretendía ser un montaje, pasó a ser una interpretación constante dentro y fuera de los escenarios. Naturalmente, esto desgastó, fastidió al músico y no pasó mucho tiempo para que se hartara de ese papel.

De verdad quería acabar con todo eso. Estaba componiendo para un proyecto diferente, estaba cansado y aburrido de todo el concepto Ziggy, no podía concentrarme en la actuación… estaba colado y triste”.

Y por fin, el 3 de julio de 1973, en el teatro Hammersmith Odeon de Londres, David Bowie ante una desconcertante despedida se deshizo de Ziggy y de su grupo al mismo tiempo, y en público.

"Este no es únicamente el último concierto de la gira, sino que es el último que daremos. Adiós. Los queremos”.

La sombra de Ziggy Stardust se convirtió durante mucho tiempo en un fantasma que Bowie debía superar, pero era una situación complicada pues no podía hacerlo sin perder audiencia. Por ende, sus siguientes caracterizaciones, Aladdin Sane y Diamond dogs, fueron, en esencia, una continuación de aquel devastado alienígena aunque con una mayor profundidad musical y una visión glam-futurista de un mundo cruel.

En 1974, se embarcó en una gira por los Estados Unidos. Musicalmente había madurado, sus registros vocales eran mejor pero otra vez le hacía falta un cambio. Quería revisar su sonido así que se interesa por la música soul y las guitarras funky. De esta forma nace su nueva personalidad, el Duque Blanco, y su siguiente disco, "Young americans" (1975), se apropia de la música negra norteamericana y consigue ser hito masivo en aquel país. Pero su estancia en Norteamérica fue un capítulo raro y oscuro; se obsesionó con la cocaína, se volvió histérico y coqueteó con las prácticas del ocultismo. Bowie estaba encaminándose al colapso.

Había llegado el momento de dejar este estilo de vida tan horrible que estaba llevando y curarme. Tenía que recomponerme.

A finales de 1976, a sugerencia de Christopher Isherwood, Bowie se mudó al Berlín occidental con su amigo Iggy Pop. Desafortunadamente, este retiro no hizo más que realojar sus problemas; cayó en el alcoholismo y se sintió atraído por la historia del Tercer Reich y la mitología nazi. Empezó hacer torpes declaraciones como decir que Hitler fue uno de los primeros rockstars e hizo una comparación con Mick Jagger, pero el peor (y penoso) incidente fue haber sido fotografiado haciendo, lo que muchos pensaron por error, lo que era el saludo nazi. La prolongada estancia de Bowie en Alemania le hizo comprender que el fascismo había sido la ruina para Europa y más tarde reconoció en público su error.

Con todo y sus deslices, David Bowie nunca dejó de producir música música e ir con las vanguardias; su onceavo disco "Station to station" (1976), con un sonido krautrock, instaló una temática sobre el autoritarismo y la sociedad en tiempos de reconstrucción que originó una tercia de discos encabezados por "Low" (1977) –grabado con la colaboración del vanguardista y ex tecladista de Roxy Music, Brian Eno–, "Heroes" y "Lodger" (1979), que se le conocerían como la 'Berlin Trilogy'.

¿En dónde estamos ahora?

   Las siguientes décadas ya no fueron tan trascendentes para Bowie aunque sí fructíferas para su reconocimiento mundial. Pasó por un período de estabilidad sin dejar de ser extravagante; en los ochenta, sus álbumes "Scary Monsters" (1980) y "Let's Dance (1983) abrazaron los éxitos comerciales. Continuó con un par de discos más, "Tonight" (1984) y "Never Let Me Down" (1989), para cerrar la década e iniciar otra con otros cuatro en los que exploró la música electrónica: "Black Tie White Noise" (1993), "Outside" (1995), "Earthling" (1997) y "Hours" (1999). Siempre mostrando una obsesión por ser el más moderno, el más actualizado, la especie más adaptable a los cambios, pero la madurez —o la escasez de materiales— comenzó a insinuarse a finales de 1999 e hizo evidente que el sedentarismo, tarde o temprano, le llega a cualquier nómada.

Dos años después del dos mil proclamó su regreso con su vigésimo primer álbum "Heathen" (2002), en cuya portada aparece con look de zombie fashion y como fotografiado por un clon de Man Ray. "Calssic David Bowie Circa 2002", proclama el adhesivo que acompaña al disco, pero lo cierto es que —más allá de la boutade— el eslogan tiene algo de verdad: Bowie ese mutante desesperado y Zelig adicto a las tendencias que ha trascendido de un milenio al otro, una suerte de Dorian Grey. "Heathen", junto con "Reality" (2003), refuerza el autorretrato con todas las piezas del rompecabezas que iban armando el cuadro completo de una sucesión de metamorfosis espasmódicas, sólo faltaba encajar una última pieza.

 "The Next Day" salió mundialmente el 11 de marzo de 2013. Su inexplicable aparición puede sugerir algún código de despedida luego de toda la campaña promocional previa, pero acorde con Visconti este álbum marca otro comienzo en la carrera de Bowie. Más bien, lo que se ofrece es una propuesta fuerte, aunque no demasiada densa; con momentos tristes y melancólicos sin que (re)caer en lo depresivo —ni siquiera el sencillo 'Where Are We Now?' lo es—. De alguna forma, es una obra un tanto luminosa con un transcurso de rock seco y contundente, similar a "Heroes" o "Reality", aunque sin que llegue a las experimentaciones o cubrirse de tantas capas. En esencia, este es un álbum más conceptual que temático, pues durante los catorce temas que conforman los cincuenta cuatro minutos de duración, hay una recolección de reminiscencias a varias de sus obras anteriores (la distopia futurística, la fama, la guerra) y un guiño sesentero, mas la misma estructura del disco nunca afirma o niega algo, de manera que es (re) interpretativo a varios niveles, es metaficción. Incluso eso se puede apreciar desde la simple caratula, una deconstrucción de "Heroes". El rostro de Bowie está cubierto, una prueba de cómo alimentar los mitos y controlar de los medios públicos:

"¿Fue un acto para ocultar su identidad o simplemente se ha vuelto más cómoda con ella?". Barnbrook, el creador del artwork de "The Next Day".

Pero aquella pregunta hace eco en la parte más siniestra y desolada de "The Next Day": 'Heat', tema en el que Bowie lanza frases sueltas y en apariencia inconexas acompañadas de una asonancia orquestal: "Me digo a mismo: no sé quién soy".

...Y al día siguiente

 El rock, como espécimen, es el que más ha sufrido mutaciones que a otras razas a las que les llevan siglos pasar a una nueva fase, y desde que tenemos memoria, a los artistas pop no se les suele conceder más de una oportunidad para cambiar el mundo, el sonido y la apariencia de las cosas y para cambiar lo que está permitido, cómo el poder y la autoridad no son tan inviolables. Conceptos como el antropomorfismo, la transexualidad y el simulacro mediático fueron propuestas que cuestionaron la realidad que produce un sistema que regula, impone y reproduce las psicopatologías del mundo contemporáneo, por medio de un bucle dialéctico entre personajes decadentes y trasvestidos. Así pues, el mundo del rock —como el universo, como la vida— se contrae, sólo que a David Bowie se le daba mejor adaptarse a los constantes cismas de la cultura pop, algo que le aprendió muy bien al modelo enciclopédico de la modernidad clásica de los Beatles y Bob Dylan, quienes patentaron que el cambio es una constancia de evolución. Mas si algo caracterizó el éxito de Bowie, es no haberse medido por su capacidad de narrar su propia historia a través del desfile de imágenes y máscaras, sino por el apoyo que ofreció a aquellos que se habían visto obligados a negar su verdadera identidad, contribuyó a modernizar un mundo que parecía anquilosado.

"Su aporte más importante a la cultura de la segunda mitad del siglo XX fue probablemente su contribución al cambio de la humanidad." Jarvis Cocker

 Doce años después, David Bowie ha regresado en plena forma, con un trabajo estupendo, como siempre, de alto valor artístico. A sus sesenta y ocho años, el británico mantiene su capacidad creativa sin decepcionar. El Camaleón conserva la capacidad para manejarse en todos los colores, en todas las tonalidades, en todo el espectro del arcoíris letrístico y sonoro.

Es así que, tras tantos años como alienígena profesional, el planeta Tierra no siempre fue un lugar tan terrible, que el tiempo es sólo una ilusión y que no hay nada mejor ni nada más clásico y más moderno que ser uno mismo. En hora buena.

“... And these children that you spit on as they try to change their worlds are immune to your consultations. They're quite aware of what they're going through...”

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